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NUESTRA
SEÑORA DE LA PAZ
Santoral:
24 de enero

La advocación mariana de esta Virgen tuvo origen a
fines del siglo XI en la ciudad española de Toledo.
Nuestra Señora de
la Paz
(Moreno 417, Villa Mercedes, Pcia. San Luis)
La parroquia Nuestra
Señora de la Paz, de Santo Tomé
(Alberdi 1750 Santo Tomé Pcoa de Santa Fé)
http://www.ntrasradelapaz.com.ar/
Catedral de Buenos Aires
Historia de la Devoción de Nuestra Señora de La Paz
El origen de esta
devoción se remonta al siglo VII.
El 18 de diciembre del año 645, pasada la
medianoche, terminado el IX Concilio de Toledo, su
arzobispo Ildefonso (luego declarado santo),
ferviente devoto de la Virgen María, en compañía de
algunos colaboradores, se dirigió a la Catedral para
cantar los maitines (oraciones que se realizaban
hacia las 3 de la noche). Al entrar, se produjo en
el altar un resplandor fuerte e irresistible a los
ojos corporales. Los acompañantes del arzobispo
huyeron asustados, pero él avanzó resueltamente y
vio a la Santísima Virgen, que había descendido del
cielo y estaba sentada en su cátedra episcopal. La
Madre de Dios habló con dulces palabras a su fiel
servidor y promotor de la fe en su inmaculada
concepción, le entregó una casulla, que se conserva
allí, y después desapareció. Por este particular
beneficio, a su muerte ocurrida el 23 de enero de
667, la Iglesia de Toledo decretó que el 24 de enero
se celebrase solemnemente en todo el arzobispado, el
memorable descenso de la Virgen María a la Iglesia
Catedral.
Sin embargo, el nombre y la advocación de Nuestra
Señora de la Paz le es dado a fines del siglo XI, a
raíz de un singular acontecimiento histórico.
En efecto, en el año
1085, Alfonso VI, llamado el Bravo, rey de Asturias
y León (España), reconquistó la ciudad de Toledo
tomada por los moros (musulmanes). Una de las
condiciones estipuladas en el Tratado de Paz, fue
que el Templo principal de la ciudad quedase para
los moriscos (moros que permanecieron en España
después de la Reconquista) como mezquita (lugar de
culto y oración de los moros). El rey Alfonso firmó
el Tratado y enseguida se ausentó de Toledo, dejando
a su esposa, la reina Constanza, como gobernadora de
la plaza.
Pero los cristianos consideraron cosa indigna que,
si nuevamente eran dueños de la ciudad, no lo fuesen
de la Iglesia Metropolitana consagrada a la
Santísima Virgen. En consecuencia, fueron a
presentar sus quejas ante el arzobispo Rodrigo y
ante la reina Constanza, quienes compartieron su
horror de que la Catedral sirviese para los cultos a
Mahoma (máximo profeta de los musulmanes) y apoyaron
sus peticiones. Alentados por aquella tácita
autorización, los cristianos trataron de apoderarse
de la Catedral con gente armada, sin tener en cuenta
el compromiso del rey ni el peligro a que se
exponían en aquella ciudad donde era mayor el número
de infieles.
Los moros, ante el ataque, tomaron las armas y,
juzgando que el rey quebrantaba el Tratado, se
lanzaron contra los cristianos para vengar la
injuria. El combate se entabló frente a la Catedral
y no cesó hasta que la reina y el arzobispo se
presentaron en el campo de batalla para aclarar que
el ataque se había lanzado sin saberlo el rey.
Enseguida, los moros enviaron embajadores al rey
para denunciar el atentado, y Alfonso volvió
rápidamente a Toledo, con el firme propósito de
hacer un escarmiento a la reina, el arzobispo y los
cristianos por haber quebrantado su real palabra.
Cuando los cristianos de la ciudad tuvieron noticia
del enojo del rey, salieron a su encuentro en
procesión, encabezada por el arzobispo, la reina y
su hija única. Pero ni las súplicas de aquellos
personajes, ni los ruegos del pueblo para que los
perdonase, atento al motivo que los animó al ataque
y que no era otro que el de tributar culto al
verdadero Dios en la gran iglesia de Toledo,
consiguieron que el monarca accediese a faltar a su
honor y a la palabra que había empeñado. Don Alfonso
anunció a los solicitantes que la Catedral quedaría
en poder de los infieles, como lo había prometido.
Pero en ese momento se produjo un acontecimiento
extraordinario, que todos tomaron como una señal de
que Dios había escuchado sus plegarias. Los moros
consideraron el peligro a que se exponían si
mantenían el culto a Mahoma en la Iglesia principal
de aquella ciudad cristiana y enviaron al encuentro
del rey una comitiva de sus jefes. Los embajadores
salieron de Toledo y, postrados ante Don Alfonso, le
suplica-ron que perdonase a los cristianos y
prometieron devolverle la Catedral.
Grande fue el regocijo del rey y el de su pueblo,
que vieron en aquella solución inesperada una obra
de la Divina Providencia. El monarca ordenó, con el
beneplácito del arzobispo y de todos los fieles que,
al día siguiente, justo un 24 de enero, se tomase
posesión de la Catedral y se hiciesen festividades
especiales en honor de la Virgen María de la Iglesia
Metropolitana, a la que, por haber restablecido la
paz en la fecha de su fiesta, se la veneraría en
adelante con el nombre de Nuestra Señora de la Paz.
Y desde aquel 24 de enero de 1085 hasta hoy, se
realizan en Toledo magníficas celebraciones y
espléndidas procesiones en su honor.
Fundamentos
Por su íntima y estrecha relación y cooperación
con el Hijo, “Príncipe de la Paz” (Is. 9,6),
en la reconciliación o “paz” entre Dios y los
hombres, que Él realizó, María ha sido venerada
cada día más como “Reina de la Paz”. En efecto:
En el misterio de la Encarnación, la humilde
esclava del Señor, al recibir el anuncio del ángel
Gabriel, concibió en su seno virginal al Príncipe de
la Paz (cf. Lc. 1,26-38), el cual nos devolvió la
paz, reconciliando consigo el cielo y la tierra.
En el misterio de la Pasión,
María es la Madre fiel que se mantuvo intrépida, en
pie, junto a la cruz donde el Hijo, para salvarnos,
pacificó con su sangre el universo.
En el misterio de Pentecostés,
la santísima Virgen es la alumna de la paz que,
orando con los Apóstoles, esperó el Espíritu de la
paz, de la unidad, de la caridad y del gozo.
Al celebrar la fiesta de Nuestra Señora de
la Paz, la asamblea de los fieles pide a Dios que,
por su intercesión, conceda a la Iglesia y a la
familia humana:
El Espíritu de caridad
para permanecer unida en el amor fraterno;
Los dones de la unidad y de
la paz para formar
todos una sola familia en la paz, cultivando
eficazmente entre nosotros la paz que Cristo nos
dio;
La tranquilidad en
nuestro tiempo para
vivir en paz.
El himno “Salve,
Estrella del Mar” (“Ave Maris Stella”), que data
del siglo X ya le canta “establécenos en la paz”.
Nuestra
Señora de la Paz es, pues, intercesora de la paz
privada y pública.
Difusión
De Toledo se extendió su devoción a toda España y
otras ciudades de Europa.
Desde el siglo XII en el templo de San Nicolás en
Bruselas (Bélgica), se venera una imagen de la
“Reina de la Paz”. En el templo de las religiosas
del Sagrado Corazón de Picpus en París, se
venera otra imagen con mismo título y maravillosa
historia, originariamente pertenencia de la familia
de los Príncipes de Joyeuse. El Papa Sixto IV
(1471-1484) hizo erigir en el centro de Roma un
templo a “Santa María de la Paz”, cumpliendo el voto
por la paz entre los estados de la península.
En América, todas las naciones
evangelizadas por España, profesaron una veneración
especial a Nuestra Señora de la Paz, que tiene un
santuario en cada una de las grandes ciudades
latinoamericanas y es la patrona principal de
El Salvador.
En el siglo XVII,
también en Francia, se estableció esta fiesta para
ser celebrada el 9 de julio, con motivo del cese
de la “Guerra de los treinta años”.
El Papa
Benedicto XV (1914-1922), víctima de la Primera
Guerra Mundial (1914-1918), favoreció esta devoción
y el 5 de mayo de 1917, prescribió para toda la
Iglesia incluir en las
Letanías del Rosario la invocación “Reina de la
Paz”.
En
Argentina,
en la Catedral de Buenos Aires se venera una
imagen traída de Perú en 1750; a ella se recurrió en
los momentos históricos difíciles de nuestra patria.
En 1859,
los problemas de partidismo y enfrentamientos
civiles, llevaban al país a la ruina. En Lomas de
Zamora, se tenía el proyecto de construir el
templo. Atendiendo a la situación del país y
buscando un intermediario en el cielo para alcanzar
la anhelada paz, se decidió dedicarlo a Nuestra
Señora de la Paz. Las reseñas históricas de entonces
relatan: “Todas las almas nobles, que veían a la
patria constantemente flagelada, cansadas de tantas
contrariedades y vicisitudes, clamaban al cielo, y
al tratar de levantar el templo, buscando en el
cielo una intermediaria para con la Divina
Providencia, pensaron dedicarlo a la Madre del
Salvador pidiéndole se acordara de nuestra patria,
despedazada por las guerras civiles y alcanzara del
Señor un bien tan necesario para el bienestar y
prosperidad de todos cual era la paz”.
La imagen fue encargada a un escultor de
Barcelona, quien la talló tomando por modelo un
cuadro de R. Sanzio, de Urbino y fue donada por
Juana Z. de Grigera.
El 16 de octubre de 1860 se bendijo la piedra
fundamental del templo y se designó padrino
al general B. Mitre quien, el domingo 15 de
diciembre siguiente, participó de la bendición del
recinto del nuevo templo y terminó sus palabras de
agradecimiento pidiendo a “la Madre del
Todopoderoso, derrame a manos llenas sus más
preciados dones sobre la patria”. Al clamor de
todo el país, a la aspiración unánime de todas las
almas, a esa ofrenda del templo a la reina de la
paz, a esa confianza deposita-da en ella, a esa
invocación de Mitre, correspondió la Santísima
Virgen, alcanzando del Padre celestial, que los
destellos y fulgores que se desprendieron al chocar
las armas en Pavón, iluminaran nuevos y pacíficos
senderos en nuestra vida institucional.
El 22 de enero de 1865 se
inauguró la primera parte del templo y se entronizó
la imagen de Nuestra Señora de la Paz.
En este templo se celebró en
1933 la 1º Jornada Eucarística Internacional en
preparación al Congreso Eucarístico Internacional y,
en esa ocasión, la delegación paraguaya
invitó a las demás a implorar a la Virgen
la terminación de la guerra del Chaco. La
gracia fue concedida y paraguayos y bolivianos
volvieron a dar gracias.
Desde 1957, por una Bula del
Papa Pío XII este templo es la Catedral de la
Diócesis de Lomas de Zamora
y Nuestra Señora de la Paz, su patrona.
Bajo este
patronazgo hay Parroquias en la Arquidiócesis de
Buenos Aires y de Paraná
(ciudad de La Paz) y en las
Diócesis de Quilmes y de Morón.
En la provincia
de Santa Fe, el único Templo en su honor está
en Santo Tomé (Arquidiócesis de Santa Fe de la Vera
Cruz).
La devoción comenzó en 1976,
cuando el P. Severino Silvestri y varios vecinos
promovieron la construcción de la Capilla Nuestra
Señora de la Paz, elevada, en 1987, a Cuasi
Parroquia.
El 9 de enero de
1998, mediante la reorganización de las
jurisdicciones parroquiales dispuesta por el
Arzobispo en acuerdo con los sacerdotes del
Decanato, fue creada Parroquia, reuniendo las
comunidades de la Capilla Santa María Misionera y de
los Centros de Evangelización María Auxiliadora y
San Francisco de Asís y de, hasta ese momento, la
Capilla San Ignacio de Loyola y el Centro de
Evangelización San José.
Comienza una nueva etapa con
dos claros objetivos: edificar la Comunidad
Parroquial y construir su nueva Sede y las
dependencias necesarias en el predio comprado para
ello en 1996, quedando la primera Capilla como
Oratorio de la Escuela Parroquial nº 1412 “Nuestra
Señora de la Paz” surgida el 14 de septiembre de
1990.
Patrona de El Salvador
Fiesta: 21 de noviembre
En
el año de 1682 unos mercaderes encontraron en la
orilla del Mar del Sur salvadoreño una caja
abandonada; Estaba tan bien sellada que no pudieron
abrirla con sus herramientas.
Seguros de que contenía algún objeto valioso, ataron
la caja sobre el lomo de su burra y la llevaron a la
ciudad de San Miguel. Esperaban poder allí encontrar
como poder abrirla.
Llegaron a la ciudad el 21 de noviembre. Con la
intención de asegurar la propiedad del posible tesoro,
se dirigieron primero a las autoridades del lugar para
dar cuenta del hallazgo; cuando al pasar por delante
de la iglesia parroquial, hoy Catedral, la burra se
echó en tierra sin que nadie pudiese moverla de ahí.
Entonces, sin esfuerzo alguno lograron abrir la caja y
descubrieron que el tesoro que contenía era una
hermosa imagen de Nuestra Señora con el Niño en
brazos.
El origen de la imagen permanece en el misterio, pues
nunca se pudo conocer qué destino tenía aquella caja,
ni cómo llegó a las playas del Salvador. Se cuenta que
al arribar la imagen había una cruenta lucha entre los
habitantes de la región y al correr la voz del
maravilloso hallazgo, todos depusieron las armas e
inmediatamente cesaron las hostilidades; también se
refiere que en las luchas fratricidas del 1833, el
bando triunfador, en vez de tomar represalias, como se
esperaba, hizo colocar la bendita imagen en el atrio
de la parroquia y a los pies de María se juró
solemnemente no guardar rencores y borrar el odio de
los corazones para que la paz germinara en fraternidad
y reconciliación. Ciertamente un milagro maravilloso.
Por esto dieron a la imagen el hermoso título de
Nuestra Señora de la Paz, cuya fiesta litúrgica se
celebra el 21 de noviembre, en recuerdo de su llegada
a la ciudad de San Miguel.
La imagen de Nuestra Señora de la Paz es tallada en
madera vestida. Lleva bordado al frente de la falda de
su blanco traje, el escudo nacional de la República
del Salvador. La imagen lleva en su mano derecha una
palma de oro en recuerdo de la erupción del volcán
Chaparrastique, que amenazó con hundir a la ciudad en
un mar de lava ardiente. Los atemorizados habitantes
de San Miguel colocaron la imagen de Nuestra Señora de
la Paz en la puerta principal de la Catedral y en ese
mismo momento la fuerte corriente de lava cambió de
dirección, apartándose de la ciudad. En el punto
exacto donde la lava torció el rumbo hay un pueblo que
se llama "Milagro de la Paz". Esto sucedió el 21 de
septiembre de 1787 y ese día todos vieron en el azul
del cielo que el humo que salía del del volcán formaba
una palma. Viendo en esto una señal del amparo de la
Virgen, el pueblo decidió colocarle en la mano una
palma de oro, semejante a la que habían contemplado en
el cielo.
Benedicto XV concedió la coronación canónica de la
imagen, que se efectuó el 21 de noviembre de 1921. El
nuevo templo dedicado a Nuestra Señora de la Paz fue
terminado en 1953.
NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ
PAÍS: EL SALVADOR - FIESTA: 21 de noviembre
La Virgen tiene en su brazo izquierdo
al Niño Jesús y en el derecho una rama de palma u
olivo, como símbolo de la paz.
Cuenta la historia que la intercesión de la Virgen de
la Paz fue determinante para la pacificación del país,
agitado por las luchas entre monualcos y migueleños en
enero de 1833.
Estos últimos fueron derrotados por el coronel
Benítez, quien junto a sus tropas entró en la ciudad
San Miguel. Queriendo dar testimonio de su
benevolencia hacia los migueleños y sustentar la paz
sobre una base sólida, mandó sacar del atrio de la
iglesia
parroquial la venerada imagen de Nuestra Señora de la
Paz.
Luego de alinear sus tropas en torno a la imagen, se
postró ante ésta y colocó su espada a los pies de la
Virgen, tomándola por testigo. El coronel Benítez
volvió a tomar su espada y después de haberle rendido
homenaje a la Virgen la regresó a su Santuario.
Desde este momento llegó la paz a la región y cesaron
las revueltas. La imagen de Nuestra Señora de la Paz
fue coronada canónicamente el 21 de noviembre de 1921.
ORACION INTERCESION VIRGEN DE
LA PAZ
Señor
Jesucristo que dijiste a tus Apóstoles mi paz os dejo,
mi paz os doy, no atiendas a nuestros pecados, sino a
la fe de tu Iglesia y a la poderosa intercesión de
nuestra Madre la Santísima Virgen de la Paz.
Por ella te pedimos, Señor, la paz de nuestras almas
perdonando nuestras culpas y dándonos la gracia de no
volver a cometerlas. Para que, puestas en paz con Dios
nuestras conciencias merezcamos obtener los favores
que pedimos en este triduo por la valiosa intercesión
de tu Santísima Madre de la Paz.
Amén. |